
Leyendo la
fobia de la oscuridad de alguien que también está perdida y
busca su camino, he recordado por que no le tengo miedo a la oscuridad. Siendo muy niño, me dejaban encendida la luz del pasillo, hasta que en una noche un ruido me despertó y vi una sombra avanzar por el pasillo. Mi abuelo en calzoncillos, alto y famélico como era,estando insomne, iba a apagarla. Aquella visión quijotesca me produjo tanta risa que lloré y le perdí el miedo a la oscuridad.
Fui la última persona a la que reconoció mi abuelo antes de morir, cuando el alzheimer le borró recuerdos y personas,incluso el habla y el andar. A las horas murió. Siempre he querido ser como él y quizás por eso también se que he heredado su maldición, como la ha heredado mi madre aunque aún no le haya alcanzado. En la foto, cuando él vivía y ella, en el centro, era aún una niña, hace 50 años.