Extramuros
Ser informático es algo que intento que no se me note pero, a decir verdad, me ha abierto muchas puertas. Muchísimas. Serlo y huir de los informáticos, claro. Supongo que lo soy por curiosidad y la curiosidad es algo que llevo en los genes, mi abuelo era electricista antes de la guerra civil y sabía que era una "computadora" aún cuando algunos no tenían una bombilla en las casas de aquella alpujarra que aún vive en el pasado.Esta noche me ha abierto la puerta del convento de San Jerónimo en Granada. Un monasterio de monjas de clausura. Aún estoy asombrado de como puede existir un trozo medieval en el centro de Granada con tan sólo cruzar un par de puertas. El patio del claustro privado es un oasis de belleza y tranquilidad en mitad de una ciudad que algunas veces me parece demasiado grande. El olor del azahar en una noche casi de verano. Colocar un portátil en una mesa tapizada con cuero pintado y un escudo de Carlos V con relieves. Encontrar un misal del siglo XVIII encima de una mesa dejado por casualidad. Monjas curiosas y alegres como madres que llevan mucho tiempo sin recibir la visita de un hijo pródigo. Y es que de noche pocos hombres las visitan y el que entren dos -un sacerdote y yo- se les veía en las caras que era todo un acontecimiento.
Algunas veces casi se me olvida que esta ciudad tiene lugares mágicos en cada esquina.
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