jueves, abril 12, 2007

Gatos

Estaba recién llegado al pueblo, con seis añitos escasos y no conocía bien a la gente de por allí. Jugando sólo al lado de un arroyo -ventajas de vivir en un pueblo- me encontré a una cría de gato. Un gatito minúsculo con un cordón umbilicar amarillento todavía pegado. Sabes que no soy de gatos pero cogí al minino y me lo puse debajo de la chaqueta. Me fui a mi casa. Mi madre no me dejó que me quedará con el animalillo. Tuve que devolverlo al lugar donde lo había encontrado. Su madre gata se ocuparía de él u otra persona que lo encontrase.

No me quedé tranquilo, así que fui a contarle a otros niños lo que había encontrado. Si no podía quedarse en mi casa quizás en la de otro sí. Los niños se pusieron muy contentos y fueron corriendo a buscarlo. Cogieron al gato, lo tiraron al arroyo y le lanzaron piedras, hasta enterrarlo, hasta que no se movía. Fue tan horrible lo que vi que fui incapaz de reaccionar, excepto por el viaje de llorar que me di y un incomprensible sentimiento de culpa que arrastré una temporada. Aquel día dejé de confiar en los desconocidos.

Foto del gato encantador de mi primo, el único que conozco que le encanta el agua.

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5 Charlas:

Blogger makuneros dixit...

El ser humano es cruel por naturaleza... y luego dicen del tigre!
Lo que describes es la principal razón de que me pasara toda mi niñez sola.

13/4/07 19:42  
Blogger Mi Cotidiana Vida dixit...

La fragilidad de un niño hace que hechos como el que relatas se graben a fuego en nuestro yo más profundo.
Lamento tu episodio más me ha gustado la forma en la que lo cuentas.

Saludos

15/4/07 09:49  
Anonymous Sumpta dixit...

Lo que cuentas sucede cada día en cualquier parte del mundo. Forma parte de la cara más cruel de nuestra vida.

Besos,

Sumpta

15/4/07 22:06  
Blogger Matías a ratos dixit...

Parece que los niños a veces pierden los sentimientos por tratar de divertirse, recuerdo que una vez los niños de mi cuadra le dieron de balonazos a unos gatos

17/4/07 06:53  
Blogger m@p dixit...

Enfrente de mi casa, tenía gatitos y una perrita a la que le daba de comer cada día... Y cada día tenía que enfrentarme a mis vecinos (con los que no tenía apenas relación) porque se divertían quitándole la comida a mis animalitos.. o a tirarle piedras y también balonazos.

Supongo que esa también era otra razón por la que tampoco me gustaba estar rodeada de gente, gente tan poco sensible.

21/4/07 15:49  

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