Una de cal
Alguna vez la suerte también te viene con su dos caras. El perrete ha vuelto conmigo. También es cierto que su dueña no tenía muchas opciones: la perrera o yo. Ahí sigue con sus bultitos que hay que operar de vez en cuando. Pero igual que siempre.Ya no necesitaré dos despertadores, el se encargará de que no vuelva a dormir. Mi ático sin vistas no estará más tan sólo, él se encargará de recibirme con sus cabriolas, cariños y alegrías.
Algo de vértigo tengo, aquí no permiten tener perros. Vuelve la responsabilidad, ya no sólo tengo que cuidar de mi. Pero si hay que mudarse, nos mudaremos. Si hay que dar horas, las daré. Es un precio pequeño por su alegría. Y pronto nos escaparemos al mar, donde él es feliz y yo hago limpieza de los trastos inútiles que rondan mi cabeza.





















