Sed
Es el primer sueño que recuerdo que escapaba de mi niñez lo tuve antes de los 7 años. No recuerdo que hubiera sexo de por medio, pero si recuerdo estar con una mujer (de verdad, no una niña de mi edad o poco mayor) desnuda que me acariciaba y me trataba con un cariño que me era desconocido. Y recuerdo tan bien ese sueño de la niñez por lo extraño que me pareció. Cuando creí entenderlo me hacía gracia aquella precocidad.
En esta tarde de Julio, donde ni el ventilador nos apagaba, giraste tu espalda aún llena de sudor y después de beber agua, como alguien que dice una verdad que se cae por su propio peso, me dijiste entre seria y satisfecha: Me das sed.
Después de tanto tiempo un pequeño sueño cumplido y comprendido. Sólo tú me has dado ese cariño generoso, tan natural, tan normal, tan espontáneo como tú me das sed. A ti te pude mirar a los ojos.
En esta tarde de Julio, donde ni el ventilador nos apagaba, giraste tu espalda aún llena de sudor y después de beber agua, como alguien que dice una verdad que se cae por su propio peso, me dijiste entre seria y satisfecha: Me das sed.
Después de tanto tiempo un pequeño sueño cumplido y comprendido. Sólo tú me has dado ese cariño generoso, tan natural, tan normal, tan espontáneo como tú me das sed. A ti te pude mirar a los ojos.
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