Devorador de pecados
Ayer pasé la tarde con el abuelo en el hospital, está en la gloria: Se harta de comer, por fin duerme bien (le dan una pastilla por la noche), todo el día viendo la tele y recibiendo más visitas que nunca. Al final, sólo tiene un hongo que más bien parece un champiñón y que se ha dedicado a hacerlo engordar desde navidad que le apareció. Mi poca afición a los médicos me viene en la sangre.A lo que iba. Ayer por la tarde estuvimos todo el rato hablando, tanto que los compañeros de habitación decían que el abuelo había cogido con ganas al nieto. Me volví a sentir como un confesor o, más bien, un devorador de pecados y allí estuve, guardándolos en mi estómago. La primera vez que me sentí así fue con mi abuelo materno (el electricista) un mes antes de que muriera.
Mi abuelo Paco (o Castellano, como lo llamaban) estaba ya mal, eso de fumar desde los 10 años a sus 75 le había pasado factura, así que se podía mover poco y además estaba conectado a una máquina de oxígeno. Decían que el oxígeno hacía que se le fuera la cabeza, también que tenía demencia senil o que si tenía alzheimer, de todos modos, es lo de menos, en aquel último mes que pasó en la playa con mi madre y conmigo se fue apagando su cerebro, día a día o, mejor dicho, su cabeza emprendió el camino de vuelta.
Como la mitad del tiempo estaba conmigo y mi madre estaba harta de batallitas, se pasaba las horas contándome su vida, haciéndome depositario y destino de su testamento vital. También de sus pecados, de su faltas, todo fue dándomelo, desde los últimos años de su vida hasta cuando era un crio, cada día, dábamos un salto hacia atrás en el tiempo: Sus nietos, el cáncer de su mujer, sus hijas, su fábrica de luz, su boda, su trabajo, la cárcel, la guerra civil, el mar, su juventud con sus primeros amores, la alpujarra y su niñez con sus hermanas y madre.
Aquel mes que pasaba con nosotros terminó y vi como se apagaba, como se le escapaba la vida, y como la poca lucidez que le quedaba se fue secando. Tengo anécdotas curiosas de aquel mes, el pobre, no cavilaba bien, aunque también tengo momentos tristísimos. Él, la mayoría de las veces, no sabía quien era yo, algunas veces su nieto (las menos), otras su amigo, tío, primo y hasta una vez me llamó papá. Su padre, mi bisabuelo, murió cuando él tenía diez años. Me hablaba de usted y pasaba al tú por que, simplemente, éramos familia o amigos de toda la vida y había confianza.
Al día siguiente de haberlo dejado en casa de mi tía, no volvió a hablar. Lo ingresaron y cuando lo volví a ver, estaba en cama, con los ojos en blanco (había olvidado hasta fijar la mirada) y movía los brazos como si mantuviera una conversación con alguien que no existía; había regresado tan atrás que ya no pertenecía a este mundo. Entré y lo saludé, él se incorporó, sus ojos volvieron a su estado natural y me dio un abrazo, después, volvió al estado en el que estaba. Fui el único del que se despidió, dejando a mi madre y tía un poco espantadas (fue un cambio muy extraño). No sé por qué, ni por qué yo, pero creo que quizás fué por que soy quien tiene guardados sus recuerdos. En el día siguiente, al amanecer, murió.
Algunas veces creo que ser un devorador de pecados de mi familia es un estigma morboso que tengo y que es una carga demasiado pesada. Otras veces, creo que me hace falta guardar los pecados de los que estuvieron antes de mi, aprender de ellos, limpiarlos y guardarlo lustrosos en algún cuarto, para el día en que se los tenga que enseñar a alguien, quizás a ti, o transmitir a otro como yo.
Etiquetas: Personal




















11 Charlas:
Un buen confesor, a lo mejor se te da bien escuchar, hay mucha gente que oye pero no escucha, lo que le dicen.
Besitos.
Que emotivo Perdido... creo que es precioso lo que cuentas. Esa complicidad que encontró contigo tu abuelo es precioso. Eso es que sabes escuchar, y como no dar buenos consejos. Un beso!
Es un don el saber escuchar. Un paisano tuyo me dijo una vez que yo lo tenía. Quisiera creer que es así.
Besitos, guapo.
No todo el mundo sabe escuchar.
Y esos momentos que relatan, aunque duros por saber que el ser querido se va apagando poco a poco, guardan un valor incalculable.
Saludos
Darilea, espero no ir para confesor .... supongo que sí se escuchar, pero sólo lo hago cuando lo que me dicen me interesa. Quizás como todos ¿no?
Buscando, gracias. Sí, fue un mes especial aquel con mi abuelo y aunque fue muy triste, me quedó el mejor recuerdo. Me elegro que mis consejos del-abuelo-cebolleta sirvan de vez en cuando ;)
Noa, es cierto que esos recuerdos valen, quizás no sean fieles al pasado ya que su cabeza va apagándose pero, fíjate, por eso creo que valen más.
Froymario, las personas mayores son quienes más tienen que decir, el problema es que no siempre las escuchamos. Tú hablas con ella, aprenderás mucho.
Ana, perdona te he saltado. ¿De verdad crees ahora que se escuchar?.Igual lo que no se es leer .... que ruina.
Perdona que entre el tópico, pero las mujeres sabeis escuchar más que los hombres, asi que no me extrañaría que tuvieran razón.
Besos.
p.d.: Nunca te fies de los granadinos.
La buena gente, con los años, se convierte en personajes interesantes. Tú le hiciste un regalo a tu abuelo y él te hizo otro precioso a ti. El te escogió. Sus recuerdos son tuyos. Nada mejor se puede dar, salvo cariño, que, en este caso, iba incluido.
Quizás el hecho de ser testigo (quizás el único) de algunas partes de su vida sea como una carga y de ahí mi metáfora del devorador de pecados. Una carga por que no quiero que sus recuerdos desaparezcan conmigo.
Perto ienes razón es de los mejores regalos que uno puede recibir. Los recuerdos más importantes de uan vida es un pequeño tesoro.
Me veo como Isabel Allende (guardando las distancias, claro) escribiendo, algún día, esos recuerdos.
p.d. Tú en el mio y yo en el tuyo, casi coincidimos ;)
Nunca lo hago :P
Sí, creo que nuestras palabras se cruzaron ;), ya se conocen.
:)
Publicar un comentario
<< Home